No es Navidad ni festividad parecida, pero siento hablarles brevemente sobre saber renunciar a ser protagonistas…

No es Navidad ni festividad parecida, pero siento hablarles brevemente sobre saber renunciar a ser protagonistas…

José, digámoslo enseguida, no tiene nada que hacer, nada que ver en esto. A José se le quita todo protagonismo. Todo se “cuece” al margen de él. José no se entera de lo que está pasando hasta que pasa.

A los ojos de la gente José es padre y esposo y jefe de familia. Pero la verdad es que “todo se ha hecho sin que él se enterara de nada”.

Imagínate por un momento los sentimientos que tienes cuando las cosas normales de la vida en las que participas se hacen “al margen”, sin consultarte, sin decirte una palabra, sin contar contigo… Imagínate cuando un día despiertas y empiezas a darte cuenta de que pasan cosas “extrañas” a tu lado, y tú sin enterarte de nada.

Creo que ésa es la experiencia que vive José: está metido en un proyecto divino del que no sabe nada, no se le ha consultado nada… Al menos a María, su mujer, se le pidió permiso, se le pidió un sí. A José ni se le informa. Se empieza a enterar cuando ya todo es una realidad avanzada… Dios involucra a José en un proyecto sin pedirle consentimiento previo. Parece un poco inhumano… Lo de Dios supera lo humano.

José abre los ojos al acontecimiento y asiente. José calla, no hace preguntas. José hace silencio y carga con la realidad. José acepta colaborar en un proyecto que no es suyo, sino de Dios. No se explica cómo ha podido pasar. Acepta que pasa. El único proyecto que José tiene que abandonar es el que él había ideado en su interior: abandonar a María en secreto.

¡Esto es FE!

¡Esto es un creyente! Lo único que al final tenemos que romper es lo que nosotros habíamos programado….

Quizás sea éste uno de los signos para medir nuestra fe. Tan acostumbrados a agendas y a programaciones, a elaboración de proyectos, a elaborar nuestro proyecto personal, etc… no estamos como para romper el proyecto… Suena el teléfono. Te proponen algo y dices: “Lo siento, ya tengo planes para esas fechas; ya tenemos plan…” Y se acabó la historia. Sigue tu historia.

José se deja meter en otra historia (la historia de Dios) y colabora con ella aunque él no la ha ideado. El único que idea y hace planes de salvación es Dios. José, sin grandes disquisiciones, entra en la lógica de Dios. José era un hombre bueno y justo. Por eso ve que en la trama sencilla de su vida, sin ir más lejos, está la trama del Dios Salvador.

Muy cerca de ti y de mí, en nuestra vida más corriente, está la corriente de salvación en la que Dios quiere que participemos y seamos “buenos y justos” En las cosas que participas, en aquello a lo que te asomas (quizás por curiosidad o simplemente para ver de qué va la cosa) allí puede estar lo que te reclama “bondad y justicia” para que la salvación de Dios llegue a otros. ¡Qué sencillo es todo! No hace falta mucho más. Bueno, sí, tener un poco de fe y confianza para ser capaz de romper tu plan secreto… Así es como llega el Salvador. Así es como llega la salvación de Dios a ti y a otros más…

Ser creyentes es dejarse llevar por Dios.
Ser creyente es romper planes personales y acoger los planes de Dios que siempre son concretos y sencillos. Están al alcance de la mano. Están en la trama de tu historia personal.

¡Ojalá tú y yo lo entendamos! Si no hemos tenido la experiencia de abandonar, al menos una vez en la vida, nuestro plan, ¿estaremos colaborando en el plan de Dios?
¿Seremos buenos y justos, como José?

Que Jesús sea siempre el protagonista y nosotros sus instrumentos.

Desde México, Raschke




 
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