Amados, es momento para unirnos en oración por Filipinas

Amados, es momento para unirnos en oración por Filipinas, lo que está ocurriendo allá es muy fuerte. No podemos preocuparnos solo por lo que ocurre en este lado de hemisferio. Oremos por ellos los sobrevivientes, por la reconstrucción y por los que están llevando ayuda para levantar Filipinas. Actualmente el Ministerio de nuestro concilio Asambleas de Dios, “Convoy of Hope” son los que se movilizan al lugar de las necesidades para apoyar en la reconstrucción del lugar, la alimentación, salud y apoyar a nuestras iglesias, que se transforman en lugares de refugio.

El último dato de fallecidos ha sido facilitado por la Policía. Aparte de los 10.000 fallecidos en la provincia Leyte, otras 300 personas han muerto en la provincia de Samar. Hay millones de filipinos afectados: 4 millones son niños. Entre el 70 y el 80% de las zonas por las que ha pasado el tifón han quedado destruidas. Un hermano de una de nuestras iglesias relató a los medios lo siguiente: “Mientras éramos arrastrados por el agua, vi entre los escombros a mucha gente levantando sus manos y gritando por ayuda”. Millones de niños filipinos corren riesgo por el tráfico de menores tras el tifón.

Les pido que oren por nuestros misioneros que están allá y los misioneros todos los concilios, no solamente de las Asambleas de Dios, por todos, ya que su labor se incrementa en momentos de desastres.

Les adjunto un link de acceso para mayor información del trabajo que está realizando “Convoy of Hope” de las Asambleas de Dios.

Oremos por ellos y por los que han perdido familiares, sus casas…en fin por todo lo que ha ocurrido para que pronto se levanten. Mis oraciones van dirigidas a que Dios ayude a Filipinas y a nuestros representantes del Concilio que ya se encuentran allá.

Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve sino que permanece para siempre, aunque se trasladen los montes a la mar, aunque la tierra tiemble tenemos que alabar al Dios. Con todo lo que nos pueda ocurrir tenemos siempre que alabar a Dios.

Bendiciones, Raschke




 
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